martes, 23 de junio de 2009

LA ALUMNA DE ALFRED STIEGLITZ




Por la calle de Cristóbal Colón de Ayamonte iba yo a la conquista de un cable, que los de Apple en su intención renovadora constante, habían cambiado la conexión a la cámara de vídeo. Siempre que llego a una nueva localidad suelo darme un voltio por los colegas a ver que hacen, pero a Olga Aguilera me la encontré de sopetón; está en la misma acera de Beep, deseo de mi conquista. Al pasar mire dentro del pequeño salón fucsia que hace las veces de recepción del estudio de fotografías. En la pared destacando sobre el fucsia un niño mestizo de Harlem me mira al pie de una escalera, sobresaliendo entre una atmósfera buscada; causa impacto al igual que el juego del ratón electrónico y el gato. Esta chica promete. A la izquierda de la sala sobresale una enorme imagen del Harlem que yo confundo con las que hacía Stieglitz y que Olga, ya presente en la sala, me aclara con decisión.
- "Son obras mías, no ve usted que están firmadas", con un cierto disgusto en la cara ante lo reiterado de la confusión.
-"¡Cómo voy a firmar la fotografía de otro!"
Pido disculpas por mi error de apreciación y destaco que el hecho de entrar en su estudio ha sido por la fotografía del chico mulato.
Olga Aguilera, desborda simpatía y afán vocacional en su trabajo; de nuestra conversación se deduce un carácter apasionado, metódico y casi suicida económicamente hablando, en donde la estenuación económica puede ser causa de una futura huida profesional.
Da gusto estar de charla con una mujer que vive tanto y tan profundamente su profesión y que le dedica todas su energías. Se le nota algo desilusionada por la crisis y por los problemas que sufrimos los ciudadanos de a pie.
A Olga Aguilera, le gustaría que le reconocieran más su trabajo, detalloso y preciso y las innovaciones que en el mismo introduce a la hora de hacer sus reportajes de bodas, bautizos y comuniones. Seguro que el tiempo hará justicia de esta fotógrafa entusiasta, alumna de Stieglitz, sin saberlo.